EL
PRIMER POBLADOR DE ESPAÑA
(Agradezco a mi amigo Vanbrugh su evocadora y reconfortante entrada sobre sus libros, que me ha recordado que una vez tuve un blog y me ha animado a escribir esta entrada sobre mis más viejos y queridos libros, con la esperanza de que alguno de mis hijos la lea y se apiade de ellos cuando llegue la hora de la quema)
Susana vivía con sus padres y un
hermano pequeño en un oscuro segundo piso de la calle Amaniel. Había sido
admitida en la escuela de las Comendadoras de Santiago después de que su padre,
Faustino, hubiera prestado a las monjas todo tipo de pequeños servicios y
realizado para ellas multitud de componendas al amparo de su uniforme de
guardia municipal. Las monjas consideraron provechoso tener de su lado a un
representante de autoridad que vivía a la vuelta del convento y era respetado
por el vecindario, y como la niña era guapa y modosa y sabía ya leer y coser,
permitieron que entrara como alumna de caridad unas semanas antes de la visita
de Alfonso XIII y la prepararon para que hiciera la reverencia y saludo al rey
en nombre del resto de niñas pobres, olvidando el inconveniente de que su madre
fuera peinadora a domicilio, oficio ligeramente sospechoso a los ojos de la
superiora quien pensaba que lucir una hermosa cabellera era casi un pecado
mortal sólo cometido por mejores de dudosa reputación. En todo caso, la
estricta separación entre las hijas de los Caballeros de Santiago y de otras
familias nobles que se educaban en el convento y las niñas del barrio que
integraban la escuelita benéfica daba a
las monjas una cierta libertad para admitir entre sus cuatro paredones a quien
les daba la gana y más les convenía.
Un año después, a la vista de
su aprovechamiento en las lecciones de historia sagrada y de su aplicación en la lectura de
vidas de santos, consideraron las monjas que Susana podía dar un paso más en su
formación, superando al resto de las niñas, y sugirieron a su padre que
comparara para ella el libro de Historia de España de Saturnino Calleja.
Antonia, la madre, no veía con buenos ojos el gasto que el libro suponía para
la apretada economía doméstica pero Faustino la convenció con los argumentos de
que la niña tenía maneras y porte de señorita y necesitaba una buena educación
para aspirar a un matrimonio conveniente y que, en todo caso, el libro habría
de servir para la instrucción de su hermano pequeño, el único de los tres
varones que había sobrevivido a la difteria y que, como Susana, parecía haber
nacido con el don de entender y disfrutar la palabra escrita.
Tres semanas antes de cumplir los doce años,
Susana recibió de manos de su padre el libro de historia, comprado en la
librería de Juan Herrera de la calle San Bernardo. En el dorso de la portada
escribió, con tanto orgullo como esmerada caligrafía:
“Historia
de España
para
uso de
Susana
Martín
día
11 de Octubre de 1908”
Y, bajo el
texto, pegó una calcomanía de un niño tocando el tambor.
Casi setenta años después, y para regocijo
general de sus nietos, aún era capaz de responder al pie de la letra a la
pregunta con la que se iniciaba la primera lección de su libro de historia:
“P. ¿Quién
fue el primer poblador de España?”
Sin menor asomo de duda sobre la veracidad de
la respuesta, Susana contestaba:
Pero no era esta primera pregunta la que Susana prefería recordar de su libro, sino que los párrafos que con más cariño le gustaba repasar eran los que recogían de forma heroica los mismos sucesos del dos de mayo en Madrid que ella había oído relatar alguna noche a su bisabuela y cuyas huellas permanecían a escasos metros de su casa. Que hubieran sido sus conciudadanos quienes echaron a los franceses, afirmaba en ella un orgullo de madrileña que en su larga vida nunca disminuyó, a pesar de que su madre la hubiera parido en el patio de la carnicería que por entonces tenían sus abuelos en Carabanchel.
Ese
mismo otoño, en una maloliente buhardilla de la calle de las Huertas, Agustina
y su hermana Casilda aprendían a leer a la luz de una vela más raquítica que
cualquiera de las que hubieran iluminado los cuartos de los gañanes en la casa de su
padre después de un día de siega.
(Continuará…)